La idea básica de un espresso es forzar agua casi hirviendo a través de café finamente molido, pero tiene un proceso:
1. Dosificar el café o llenar el contenedor con la cantidad exacta de molienda.
2. Nivelar y asentar los granos para crear una especie de disco más compacto.
3. Asegurar el contenedor en la máquina, que inyecta agua a una termpeatura cercana a los 94º centígrados. Cuando el espacio vacío se llena con agua, la máquina aplica presión de nueve kilogramos por centímetro cuadrado.
El resultado incluye sólidos solubles como cafeína y azúcares, además de los gases que le dan ese increíble aroma. Es un maravilloso proceso que tarda 30 segundos y te da energía para empezar tu día con buena actitud.
Fuente: Gizmodo