Los meses de 2015 fueron terribles para Twitter: su base de usuarios no creció, siguió perdiendo dinero, Dick Costolo —el CEO anterior— dejó su puesto y al poco tiempo se fue completamente, en fin, la compañía pasó de estar en una situación complicada, a una caótica tormenta. Todos los intentos para tener éxito comercial han terminado en desastre, algo irónico porque como plataforma de información noticiosa Twitter es el rey indiscutible: si quieres saber qué pasa en el mundo en el instante que sucede, échale un ojo rápido al timeline.
El problema es que en el condominio de las redes sociales su vecino de enfrente es Facebook y las comparaciones se han hecho inevitables hasta el extremo de la pregunta incómoda, ¿por qué Twitter no lo imita? La interrogante tiene sentido si consideramos que el negocio de Mark Zuckerberg es uno de los más redituables de la actualidad, aunque obvio eso no garantiza que cualquier imitador tendrá el mismo éxito. Jack Dorsey y el resto de la gente que llevan las riendas de Twitter lo saben, por eso trataron de resistir ante el acoso de críticos y periodistas; claro, es difícil ir contra la corriente cuando todos dicen lo mismo.
Frente a tanta presión la influencia de Facebook se hizo inevitable, primero con mensajes privados que rompieron el límite de 128 caracteres —junto a la promesa de tweets más largos—, luego con el tan polémico cambio en la cronología de las publicaciones. Los usuarios más leales y conservadores de Twitter se enfurecieron, algunos casi se levantan en armas, otros emigraron y… bueno, tal vez viviste parte del drama. El caso es que después de todo no fue tan buena idea tomar prestada la identidad de alguien más y al final Twitter se quedó con el mismo dilema, ¿qué hacer para salir del bache?