El recurso peca de viejo. Desde principios del siglo XX y hasta los 60 se intentó complementar el cine con experiencias aromáticas, pero nunca funcionó realmente. Ni el afamado rascahuele que tiene repentinas apariciones en revistas ha logrado popularizar la técnica. De acuerdo con este grupo de investigadores nipones, ha faltado visión en el uso de las esencias.

Para demostrar su punto, recurren a un armatoste publicitario, compuesto de cuatro ventiladores en las esquinas de una pantalla convencional. Usando un hidrogel de vehículo, las cápsulas aromáticas se vaporizan y gracias a la intensidad de la corriente de aire, dan la ilusión de provenir de partes específicas del anuncio. De momento el modelo funciona con un tipo de olor, pero se espera implementar múltiples esencias para cada situación.
El problema es que se trata de un sistema complejo, compuesto de componentes que pocos fabricantes de televisores estarían dispuestos a incluir en sus diseños, ni se diga de las agencias comercializadoras que verían el excesivo gasto como un lastre, en lugar de una ventaja. Lo cierto es que para casos muy específicos, como el de la industria culinaria, sería un importante avance, después de todo a quién no se le ha antojado un bocadillo con tan sólo verlo; olerlo sería el requisito definitivo para que nos decidamos a comprarlo.