Las guerras ya no serán sólo por cielo, mar y tierra. Como si no fuera suficiente, las batallas saldrán del planeta. Los ataques de cualquier enemigo llegarán hasta donde esté la última tecnología. Si estalla una guerra ahora, los principales objetivos serían los satélites.
El avance tecnológico ha facilitado el acceso a toda la información. Derribar un satélite arruinaría la comunicación de cualquier país y pondría en jaque muchas estrategias militares. Por eso, desde 1980, Ronald Reagan lanzó la Iniciativa de Defensa Estratégica en la que mandó armas al espacio por si alguna vez tiene que “defenderse”.

En 2013, China comprobó estar listo cuando lanzó un misil desde el Centro de Lanzamiento de Satélites de Xichang con el pretexto de estar analizando el espacio. Estados Unidos —que sigue muy de cerca las “investigaciones” chinas— encontró que en realidad lanzaron un misil antisatélite: el Dong Neng-2 (DN-2). Ese fue suficiente pretexto para preparar su “protección”. Todos sabemos que los 2 están esperando cualquier motivo para derribar los satélites del otro.
Mientras Estados Unidos ya invierte 10 mil millones de dólares en seguridad espacial, Rusia y China trabajan en sistemas GPS que no dependan de la tecnología gringa. Y así todos se hacen los que no se acuerdan del Tratado del Espacio Exterior de 1967 en el que acordaron no usar armas nucleares en el espacio —o se escudan en que sus misiles no son nucleares—.
“La idea de confiar en el espacio e incluso luchar en el espacio era de ciencia ficción, pero ahora es real”. —Brian Weeden, Fundación de Seguridad Mundial.
Y mientras tanto en México…