Este paladín de la justicia considera que esta nueva tecnología llamada los internets, es un peligro potencial y campo abierto para todos esos malosos criminales que siempre están buscando como agredirnos, robar nuestro dinero, exponer nuestras fotos más vergonzosas y hacernos bullying.
Por eso en su iniciativa de ley propone entre muchas otras sandeces, dos cosas importantes: herramientas y facultades de vigilancia y seguimiento —porque todos sabemos que la privacidad es mala— así como penas más duras para quien divulgue material sensible sin consentimiento, también aplicables —y con la misma severidad— para los administradores de sitios que no den de baja inmediatamente dicho material.

No me mal entiendas, estoy en contra del acoso, la porno venganza y cualquier comportamiento negativo que nos afecte a todos en la red, pero el problema con la iniciativa del señor Fayad es lo amplio de su cobertura.
En la propuesta, que puedes leer completa aquí, define de forma muy vaga algunos conceptos como el de “Intimidación” y “Ciberterrorismo” dejándolos a la interpretación de las autoridades, de tal forma que tus memes en Facebook sobre el presidente o tus tuits denunciando a un político corrupto podrían ser acusados —retenidos, rastreados y usados en tu contra— de acoso a un usuario o de "causar pánico y desestabilización de la paz pública".

Por si fuera poco, esta propuesta le tuerce el brazo a las compañías proveedoras de internet, pues las obliga a retener y ceder la información de cualquier usuario con solo una solicitud de la unidad especializada en delitos cibernéticos, así como reafirma los artículos de la controversial ley Telecom en materia de geolocalización.
En fin, sabemos que hace falta más regulación de las redes, pero la respuesta no está en limitar los derechos de la población sino en la educación y prevención de los delitos. Internet constituye actualmente el único bastión “libre” y “seguro” de la libertad de expresión, con todo lo que ello implica, y aunque no dudamos de sus buenas intenciones —no, si dudamos y un chingo, ¿apoco tu no?— no sería esta la primera vez que se intenta domar al internet con el pretexto de nuestra propia seguridad.
