Muchos entusiastas de las armas de fuego están creando prototipos completamente funcionales que usan en su mayoría partes de plástico y la Shuty-MP1 es el ejemplo más impresionante a la fecha, pues 95% de su diseño fue fabricado con impresión 3D. Sólo unas cuantas piezas son de metal, incluyendo el cañón —que es de una Glock—, el martillo y la culata, mientras que el resto provienen de una impresora Fusion F306.
Todavía no llegamos al punto en que la pistola sea fabricada en su totalidad con impresión 3D, pero estamos cada vez más cerca. Y aunque algunos dicen que este tipo de hazañas son similares a construir un carro con plástico, con excepción del motor y los neumáticos, la realidad es que el desafío no está en el ingenio de la gente, sino en la diversidad de los materiales.
Cuando los ingredientes plásticos tengan mayor resistencia —sea por grafeno u otro invento similar— comenzaremos a ver aplicaciones más versátiles de impresión 3D, para bien o para mal. En el caso de las armas el problema es que cualquiera podrá crear una pistola funcional y no habrá detector que pueda controlar su uso en lugares públicos.