
Lo importante aquí es que no sólo se trata de un grupo de científicos sin bases fundamentadas, sino que la teoría está respaldada por la NASA. De hecho, una investigación reciente del Jet Propulsion Laboratory dice que el siguiente gran temblor en Los Ángeles podría suceder antes de 2018.
Pero el panorama no es tan cataclísmico como lo pintan las películas y según estimaciones de la NASA, es probable que el terremoto vaya de 5.0 a 6.3 en la escala Richter. No deja de ser una magnitud preocupante para lo habitada que está Los Ángeles —sería peor en San Francisco—, pero con las precauciones debidas, los daños serían mínimos.

Andrea Donellan, presidenta electa de la Asociación Americana de Geofísica, dice que es necesario conducir más estudios acerca del movimiento sísmico en la falla de San Andrés, pues hay demasiada energía almacenada —consecuencia de la unión de la Placa Norteamericana y la Placa del Pacífico—, la cual podría liberarse de manera impredecible en un momento repentino.