
Mientras se desarrolla la Cumbre de las Naciones Unidas por el Cambio Climático, muchos se cuestionan el papel de la modernidad y cómo afecta a todos los habitantes de nuestro planeta.
David Orr, uno de los expertos más lúcidos en estudios ambientales y biodiseño,no duda en señalar que el gran problema viene desde la definición de éxito que se ha globalizado, que en la mayoría de los caso se refuerza con la educación.
Según Orr, la educación sólo va a habilitar a las personas para convertirlas en los vándalos más efectivos de la Tierra. Y que si uno presta la debida atención, es posible escuchar a la Creación quejarse cada vez que un nuevo lote de jóvenes Homo sapiens, astutos y deseosos de tener éxito, pero ecológicamente analfabetos, son lanzados a la biosfera.
Y luego va más allá diciendo que la percepción de éxito ha sido manchada por la idea de que ser exitoso es sinónimo de tener dinero, fama y poder, pero que al final, nada de eso ayuda a hacer de este mundo un lugar mejor. Según él, las personas que no tienen millones en el banco y no aparecen en las revistas son las que mueven al mundo, los que educan a millones de niños todos los días, los que hornean el pan que nos llevamos a la boca, las personas que limpian lo pisos o los que idean maneras de detener el calentamiento global.
También dice que el término de persona exitosa no está asociado con la termino de una persona feliz, y para argumentar esto señala que hay personas que aunque virtualmente puedan comprar lo que quieran, no pueden comprar la felicidad.
Y es por esta serie de argumentos que señala que el mundo no necesita personas exitosas aunque el mundo nos haga pensar que si.
¿O sí los necesita?

La idea de que el mundo no necesita personas exitosas es bastante polémica considerando varios factores.
Primero, todos sus argumentos se basan en la generalización. Por ejemplo, según él, alguien que se dedique a lavar pisos o de clases en una primaria no es una persona exitosa porque no tiene fama ni poder.
A final de cuentas, el éxito es una definición personal —no importa que tanto presione la sociedad— y afortunadamente cada vez más personas se alejan de la idea de que el éxito está asociado con el dinero. He tenido la oportunidad con fundadores de pequeñas grandes empresas en los últimos años y todos coinciden en que ser exitoso es hacer lo que uno quiere hacer en la vida, así sea diseñar una aplicación, o dar clases en una primaria.
Además, si los argumentos de Orr fueran tomados como ciertos sin pensar, condenaría a la persona que lava pisos a ser un fracasado. Parece que a Orr se le olvida que el éxito se construye paso a paso y que es muy raro que llegué sin trabajar duro y pasar momentos difíciles. Y es muy probable que la persona que lava pisos no quiera lavar pisos el resto de su vida y sea sólo algo pasajero, o la otra opción: es genuinamente feliz lavando pisos, lo cual es muy válido.
Según Orr, los considerados exitosos son un grupo tan reducido que no pueden hacer nada por el mundo. Otro tema que está cambiando con el paso del tiempo, bastan ejemplos como Bill Gates o Mark Zuckerberg que están dispuestos invertir millones de dólares en buscar soluciones a los grandes problemas de la humanidad.
Además, si no existieran las personas exitosas, ya sea un empresario millonario, un cantante famoso, un voluntario de la UNICEF, o un maestro de secundaria, las personas no tendrían modelos a seguir y correrían el riesgo de vivir una vida sin aspiraciones.
La fórmula de la felicidad

Un estudio realizado por La Universidad de la Columbia Británica publicado a principios de este año afirma que el dinero no da la felicidad, sino que —a nivel psicológico— sólo ayuda a sentirse menos triste en el día a día.
En palabras de los psicólogos, la felicidad se crea con base a 2 elementos, el primero es el sentimiento que tiene una persona de que su vida es buena y está progresando, y el segundo es el que se halla sabiendo si los momentos de alegría superan a los de tristeza en un determinado sujeto.
Entonces, en lugar de señalar que el mundo no necesita más personas exitosas, tal vez sea mejor pensar que el mundo necesita una nueva generación de personas exitosas cada vez más conscientes del mundo que los rodea y con la disposición de hacer algo para mejorarlo.
Y usted, ¿qué opina?