La demanda a Spotify por no pagarle a los artistas podría ser el inicio de un grave problema

La demanda a Spotify por no pagarle a los artistas podría ser el inicio de un grave problema

Cuando se trata de derechos de autor, regalías, permisos y demás tecnicismos legales, el mundo de la música suele ser una pesadilla; hay disqueras que no quieren pagarle a los artistas, hay músicos que exigen privilegios ridículos y muchos managers simplemente quieren hacerse millonarios a expensas de otros. Se supone que la música digital iba […]

Por Daniel Dehesa el 30 diciembre, 2015 a las 16:24

Cuando se trata de derechos de autor, regalías, permisos y demás tecnicismos legales, el mundo de la música suele ser una pesadilla; hay disqueras que no quieren pagarle a los artistas, hay músicos que exigen privilegios ridículos y muchos managers simplemente quieren hacerse millonarios a expensas de otros.

Se supone que la música digital iba a ayudar un poco con ese problema, pero la evidencia de últimos años dice todo lo contrario: la industria de la música está haciéndose aún peor en cuanto a equidad para los artistas. Irónico, porque la democratización de los servicios de streaming debería hacer que a todos les paguen algo proporcional conforme al éxito de sus canciones.

[rightquote]Algunos servicios prometen artistas de calidad, como si el resto de los músicos fueran unos apestados[/rightquote]

Desafortunadamente las exclusivas siguen siendo la cereza en el pastel para lo que ofrecen casi todas las plataformas de streaming. Tidal quiere imponer un status quo con músicos que ofrecen "verdadera calidad musical", mientras que Apple busca acaparar todo con estaciones de radio online en las que sólo los artistas más renombrados tienen derecho de aparecer. En pocas palabras, lo que debería ser el inicio de una mejor época para la música, corre el riesgo de convertirse en un club privado del que sólo algunos obtendrán real beneficio y el resto… apenas unas cuantas migajas.

El único problema entre Spotify y Taylor Swift es que no le llegaban al precio, cosa que Apple sí consiguió


No se trata de injusticia social en el contexto de la música, sino de un problema que podría poner en riesgo la creatividad y motivación de incontables artistas.

Pero eso es sólo una parte del problema. Del otro lado de la moneda está el hecho de que algunos artistas comienzan a reclamar retribución por las canciones que estos servicios incluyen sin permiso dentro de sus catálogos. Y de cierto modo, tienen razón, aunque no es culpa de los servicios, sino de una industria que tiene un sistema de regalías demasiado obsoleto para el modo en que se maneja hoy la música digital. El caso más reciente se dio con David Lowery, quien espera sacarle a Spotify exorbitantes $150 millones de dólares.

Podría parecer algo justo si en verdad Spotify hubiera causado daño grave a las finanzas del músico, pero dado que las canciones de Lowery suman un aproximado de 50,000 reproducciones en la plataforma, es ridículo que él quiera cobrar $3000 dólares por cada "streaming ilícito". Claro, dándole crédito al hombre, no está solo, pues su demanda colectiva representa los ideales de otros 100 músicos que también quieren retribución de Spotify por regalías no pagadas.

Muchos artistas podrían dejar de creer en los servicios de streaming por considerarlos


Jonathan Prince, el director de comunicaciones de Spotify, dice que "están comprometidos a pagar cada centavo a los artistas", pero que en muchas partes del mundo es difícil llevar registro de cada licencia de distribución, ya sea porque la información está incompleta, es errónea o simplemente se perdió.

La situación es mucho más compleja de lo que se ve a simple vista y no ayuda que las asociaciones de música quieren la principal tajada de las ganancias. En estos meses Spotify ha estado negociando con la Asociación Musical de Estados Unidos (NMPA) y la RIAA para ajustar el precio de streaming para ciertos "paquetes" que incluyen un gran repertorio de artistas. Y bueno, para cerrar el círculo, esas negociaciones se hacen todavía más complicadas porque las celebridades más importantes, como Taylor Swift, Adele o Jay Z, buscan obtener el máximo beneficio, sin que les importe mucho lo que suceda en el resto del panorama musical.

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