A finales del año pasado, los astronautas en la estación cultivaron varias de estas flores, pero a las pocas semanas, notaron un exceso de humedad y un flujo de aire limitado, lo que provocó que todas murieran en cuestión de días. Fue entonces cuando Scott se inspiró en Mark Watney (The Martian) y con mucho amor —sin usar las heces de sus compañeros— logró mantener la zinnia viva durante el tiempo suficiente para verla florecer con todo su esplendor.

Para lograrlo tuvo que ignorar el programa que la NASA sugirió y prefirió poner atención minuciosa y personalizada a las necesidades de la planta. No sabemos qué pasará con la pequeña sobreviviente, pero ella y el resto de las otras zinnias, serán enviadas a tierra donde los científicos estudiarán cómo la microgravedad y condiciones distintas a las de nuestro planeta, influyen en el crecimiento de las plantas.
Tal vez te preguntes por qué la NASA eligió las zinnias y no otra planta. Originalmente las lechugas romanas eran la mejor opción, pero estas plantas tienen un proceso de desarrollo mucho más lento que las lechugas. Si los astronautas perfeccionan la técnica para cultivar las zinnias, entonces estaremos a un paso de obtener jitomates en la Estación Espacial Internacional y, ¿por qué no?, posteriormente hasta podríamos cosechar patatas en Marte.