Cuando pensamos, se activa un proceso neuronal que consume cantidades monstruosas de energía y en particular cuando dedicamos demasiado tiempo a la concentración, tratando de aprender algo complejo, el resultado suele terminar un tremendo dolor de cabeza. La razón, según investigadores universidad estatal de California, es que hay un daño real en las cadenas de ADN.
Los resultados apenas son preliminares y como siempre, son conclusión de experimentar con ratones. Como sea, el estudio arroja una interesante perspectiva. Al parecer esta degradación genética sucede todo el tiempo mientras realizamos labores cognoscitivas, pero nuestro organismo es capaz de reparar el desperfecto rápidamente, a menos que exista una condición neurológica que lo impida, como el Alzheimer.
El daño neuronal podría deberse a una oxidación de los tejidos, pero al parecer los antioxidantes no corrigen el problema
De acuerdo con esta teoría, el exceso de electricidad durante la sinapsis provoca un rompimiento en las dos tiras que forman la espiral de ADN, dificultando que el material genético se reforme apropiadamente. Los científicos creen que el suministro de una proteína podría frenar el desgaste, pero aún no han tenido oportunidad de probar todas las variables y antes de dar una declaración más contundente, prefieren intentar con nuevos inhibidores.
El verdadero enigma es por qué se daña la materia gris si a efecto práctico es su único trabajo. La hipótesis más respaldada es que los genes humanos sacrifican integridad neuronal a cambio de eficiencia cognoscitiva, pues el limitado ciclo de vida humano no da tiempo a que se presente un daño considerable. En opinión de los científicos, ciertas enfermedades mentales se originan a partir de este dilema, pero es una ironía, pues los síntomas de muchos de esos padecimientos se evitan al realizar actividades que involucren pensar.