Bruce "Tog" Tognazzini, quien fue uno de los primeros empleados en la historia de Apple —para ser preciso fue el número 66— y Don Norman, que creó la experiencia de usuario de 1993 a 1997, escribieron para Co.Design una opinión acerca de cómo "Apple le está dando un mal nombre al diseño".
Fuertes declaraciones, aún si vienen de veteranos que no han estado cerca de Apple desde hace mucho tiempo.
Ambos dicen que "Apple está destruyendo el diseño y peor aún, está revitalizando la vieja creencia de que el diseño es acerca de hacer las cosas bonitas", pues consideran que en lugar de un concepto minimalista, los productos más recientes de la compañía —y especialmente el iPhone 6— son demasiado simples e insípidos.

"A pesar de que los productos son, en efecto, más bellos que los anteriores, esa belleza tiene un alto precio. Ya no existen los principios fundamentales del buen diseño: innovación, retroalimentación, descubrimiento y muchas cosas más. En su esfuerzo excesivo por capturar la belleza, Apple creó fuentes que son tan pequeñas y delgadas, que son difíciles de leer para gente con visión perfecta, en particular porque el contraste es muy intenso. Además hay gestos de sobra, al punto de que ni siquiera los desarrolladores los recuerdan. Hay tantas características que la gente no las conoce."
Por otra parte, este par de diseñadores criticó la terrible decisión de no incluir un botón de "deshacer" en el iPhone, como el que podemos usar en Android. "El buen diseño debe ser atractivo y placentero, algo maravilloso de usar. Pero eso se logra sólo si el dispositivo es accesible y amigable. Debe seguir los principios básicos de psicología que llevan al entendimiento y al control; tiene que ofrecer uso apropiado de limitaciones y, por supuesto, darle al usuario el poder de deshacer los errores. Son principios tan básicos que los enseñan en las primeras clases de diseño interactivo, así que si Apple fuera un estudiante, reprobaría."
Pero el mayor problema, de acuerdo con estos profesionales, es que la influencia de Apple está dañando a la industria de la tecnología, pues esas prácticas de diseño "tan poco sofisticadas" son referencia para otras compañías que tratan de obtener buenas ventas. "Los programadores se apresuran a sacar las cosas para que se vean bonitas, sin hacer la corrección apropiada de errores. Los diseñadores se olvidan de la funcionalidad. Y los ejecutivos se deshacen de los equipos experimentados que quieren crear experiencias fantásticas para el usuario, para conformarse con productos mediocres."