
Espero que en Navidad hayas recibido muchos videojuegos, porque científicos de la Universidad de Utah y la Universidad Chung-ang de Corea del Sur publicaron un estudio que sugiere que la obsesión crónica por los videojuegos está asociada con la hiperconectividad de varias partes de la red cerebral.
Según los especialistas, el pasar horas jugando videojuegos ayudan a sus cerebros a responder mejor a nuevos estímulos e información, pero al mismo tiempo, trae como consecuencia una mayor tasa de distracción y un peor manejo y control de los impulsos.
Jeffrey Anderson, responsable del estudio, dijo que el cerebro de un jugador obsesionado y un cerebro normal muestran diferencias que en su mayoría, pueden ser consideradas benéficas. Sin embargo, estas ventajas pueden estar irremediablemente ligadas a problemas.
El estudio muestra cómo ciertas redes neuronales de sus cerebros que procesan la visión o el oído gozan de una mejor coordinación con la denominada red de relevancia o atención del cerebro.
El trabajo de esa red es centrar la atención a los eventos importantes que ocurren, preparando a la persona a realizar una acción. En un videojuego, tener una mejor coordinación entre esas partes ayuda a que el jugador pueda reaccionar más rápidamente. En la vida real podría ser esquivar un balón, un coche o distinguir una voz diferente en una sala llena de gente hablando.
Sin embargo, la mayor coordinación detectada entre las dos siguientes regiones del cerebro: la corteza prefrontal dorsolateral y la unión temporoparietal, diferencia que se observa también en los pacientes con enfermedades neuropsiquiátricas, como la esquizofrenia, el síndrome de Down y el autismo. La hiperconectividad entre ambas regiones también se suele observar en personas con un mal control de los impulsos.
La metodología

Para el estudio los investigadores realizaron un TAC a 106 jóvenes entre los 10 y los 19 años que buscaban tratamiento por sus trastorno al juego online, una condición psicológica descrita en el Manual de Diagnóstico de Trastornos Mentales.
Esos escáneres cerebrales fueron comparados con los realizados a 80 jóvenes sin el trastorno, y fueron analizadas las diferentes regiones del cerebro al ser activadas simultáneamente por los mismos estímulos.
El equipo analizó la actividad de 25 parejas de redes neuronales, 300 combinaciones en total. Los chicos con el trastorno tenían estadísticamente una diferencia significativa en varias conexiones entre las parejas de regiones del cerebro ligadas al sentido de la vista y el oído.
El trastorno del juego online, muy común en Corea del Sur donde jugar es un acto mucho más social que en Estados Unidos o Europa, suele diagnosticarse mediante la detección de síntomas como la obsesión con los juegos online, síntomas de abstinencia al no estar jugando, pérdida de interés en otras actividades, como hobbies que antes sí disfrutaba, mentir acerca de las horas que se juegan y poner en riesgo o perder relaciones personales por los juegos online.