
Un estudio reciente demuestra que las abejas pueden predecir si va a llover al día siguiente. Los investigadores no están seguros de cómo es que logran saber esto con tanta anticipación, pero se dieron cuenta de que las abejas doblan o triplican sus esfuerzos normales un día antes de que caiga una tormenta y así evitar quedarse sin alimento mientras esperan es sus colmenas a que vuelva a salir el sol.
Las abejas no son las únicas criaturas que necesitan un buen meteorólogo. Los científicos han observado como distintas especies cambian su comportamiento para protegerse de la lluvia. Los tiburones por ejemplo, son altamente sensibles a las gotas de la presión atmosférica que precede a una tormenta, o por ejemplo se cree que los gatos pueden detectar cambios de electricidad estática en el aire y así saber cuándo el clima va a cambiar.
Los primeros reportes sobre el comportamiento de las abejas antes de una tormenta datan del siglo 19, aunque hasta ahora estas observaciones no habían sido científicamente comprobadas. Para lograr confirmar esto, investigadores de Jiangxi Agricultural University, colocaron pequeños artefactos a más de 300 abejas para monitorear su actividad.

Sus hallazgos fueron publicados en el diario Insect Science, en donde afirman “Hubo una diferencia significativa en cuanto a la recolección de alimento dependiendo del clima del día siguiente. Las abejas pasaban jornadas más largas fuera de la colmena en los días que precedían alguna tormenta, comparado a los días que precedían un día soleado”. También descubrieron que el horario en el que las abejas regresaban a la colmena al final del día, se extendía varias horas si al día siguiente había lluvia.
Con esta información, los investigadores concluyeron que las abejas hacen un mayor esfuerzo para recolectar comida días antes de una tormenta, siendo esto una actividad vital para sobrevivir en periodos de mal clima. Los investigadores no están seguros sobre cómo pueden saber cuándo va a llover, pero una investigación previa muestra que cambios en el comportamiento de los insectos se ve influenciado por variaciones en los niveles de dióxido de carbono, humedad, temperatura y presión, sugiriendo que deben tener algún mecanismo interno para detectar estas variables.