Las baterías funcionan al almacenar energía eléctrica como energía química, generalmente tienen 3 componentes principales: 2 electrodos metálicos que conducen electricidad, una pasta o sopa de electrolitos entre estos. Cuando la batería está emitiendo electricidad, los iones sueltan sus electrones y estos viajan a través de la pasta electrolítica, de un electrodo a otro. En la mayoría de las baterías flexibles estas soluciones electrolíticas están hechas de ácidos poderosos o de químicos tóxicos y esas sustancias son corrosivas, inflamables o tóxicas, por lo que llevarlas dentro del cuerpo no es una idea atractiva. Y por eso, los investigadores decidieron encontrar una manera de reemplazarlos por sustancias mucho menos nocivas.
Las nuevas baterías fueron diseñadas con 2 formas distintas en mente. La primera es una especie de cinta, formada por 2 electrodos planos que incluyen a los electrolitos en medio. El otro tipo de batería está formado por pequeños hilos formados por nanotubos de carbono. Un hilo incorpora rastros de un electrodo cargado de manera positiva, mientras que el otro incluye electrodos negativos. Los 2 hilos se incluyen dentro de un pequeño tubo lleno de la solución electrolítica. Se piensa que estas baterías podrían ser incluidas algún día en ropa o en wearables.

Según los investigadores, hasta el momento han experimentado con diferentes tipos de soluciones electrolíticas y la que mejor ha funcionado es el sulfato de sodio, que muchas veces se utiliza como laxante, por lo que, si tu batería llegara a chorrear, quizás no sería la única que lo hiciera. También se ha encontrado que las soluciones salinas funcionan bien en estos casos. Se piensa que eventualmente, los fluidos corporales, como la sangre, el sudor o las lágrimas podrían tomar el papel de soluciones electrolíticas para llevar energía a los dispositivos e implantes médicos.
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