Como Apple no cooperó con el FBI, la agencia estadounidense recurrió a una herramienta especial, creada por un contratista privado: la empresa de Cupertino solicitó conocer todos los detalles sobre dicho programa, pero una corte federal determinó que no se revelarán datos sobre el vendedor o el contenido de la misma.

Tanya Chutkan, la juez federal que tomó la decisión, determinó que las redes del creador de la herramienta no son tan "sofisticadas" como las del FBI, lo cual haría vulnerable a la compañía a ciberataques. La corte realizó la siguiente declaración:
Es lógico y plausible que el vendedor pueda ser menos capaz que el FBI de proteger su información ante un ciberataque: la conclusión del FBI fue que revelar el nombre del vendedor al público en general pondría sus sistemas en peligro, así como información sobre esta tecnología, en un riesgo considerable.

Posteriormente, se aseguró que revelar el precio de la herramienta haría algo similar, poniendo en peligro la tecnología:
Revelar el previo de compra de la tecnología designaría un valor finito a la tecnología, ayudando a adversarios determinar si el FBI puede utilizar este herramienta para acceder a sus dispositivos encriptados.
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