✨︎ Resumen (TL;DR):
- Imágenes satelitales de la NASA revelan un aumento global en la iluminación artificial nocturna.
- El brillo neto del planeta creció 16% entre 2014 y 2022, con picos de aumento del 34% en países emergentes.
- Europa logró reducir su iluminación, mientras que zonas de conflicto como Ucrania sufrieron apagones abruptos.
El brillo nocturno de la Tierra registró un aumento neto de 16% entre 2014 y 2022. Un nuevo estudio publicado en la revista Nature demuestra que la iluminación artificial del planeta es mucho más inestable de lo que la comunidad científica estimaba, alternando entre expansiones agresivas y reducciones drásticas según la región geográfica.
El equipo liderado por Zhe Zhu, profesor asociado de teledetección en la Universidad de Connecticut, procesó más de un millón de imágenes satelitales diarias. Estos datos provienen del proyecto Black Marble de la NASA, diseñado para rastrear los cambios de luz artificial en todo el mundo.
“Descubrimos que el panorama nocturno de la Tierra es en realidad altamente volátil”, señaló Zhu. “La huella de iluminación del planeta se expande, contrae y cambia constantemente”.
Las cifras muestran que el aumento de luz representó un incremento del 34% respecto a la línea base de 2014. Sin embargo, los eventos de oscurecimiento borraron un 18% de esa ganancia. Las naciones en desarrollo impulsaron los mayores aumentos, específicamente en África subsahariana y el sudeste asiático.
Somalia, Burundi y Camboya destacaron debido a su rápida urbanización y electrificación rural. A nivel global, Estados Unidos registró la mayor luminosidad total de cualquier país en 2022, seguido de China, India, Canadá y Brasil.

El contraste entre Europa y las zonas de guerra
En contraste, Europa experimentó una disminución general del 4% en su iluminación nocturna. Francia reportó una caída del 33%, producto de regulaciones estrictas de eficiencia energética y la transición hacia sistemas LED direccionales.
“Europa es intrigante porque exhibe un patrón de atenuación muy organizado”, explicó Zhu.
El mapa también documentó apagones abruptos causados por tragedias humanas. Los sensores captaron caídas drásticas en la luz de Ucrania tras la invasión rusa, así como oscurecimientos en Siria y Yemen por conflictos bélicos prolongados. Incluso permitieron rastrear en tiempo real los confinamientos de la pandemia de COVID-19.
Christopher Kyba, coautor de la investigación y profesor de la Universidad del Ruhr de Bochum, advirtió una limitación técnica importante: los sensores satelitales no detectan la luz de longitud de onda azul que emiten la mayoría de las luces de calle LED.
Esto significa que el brillo percibido real podría aumentar más rápido de lo que sugieren los datos satelitales. De hecho, un estudio de ciencia ciudadana de 2023 dirigido por Kyba calculó que el brillo percibido del cielo nocturno crece casi 10% por año.
A pesar del impacto que supone la contaminación lumínica, los investigadores evalúan el fenómeno desde múltiples ángulos. “Desde la perspectiva económica, que brille más puede ser algo bueno”, concluyó Zhu. “Significa más actividad, personas con acceso a energía donde antes no la tenían”.
