
Desarrollado por investigadores británicos de la Universidad Southhampton, este concepto de almacenamiento se basa en un láser que escribe los datos en femtosegundos a una escala casi molecular. Casi, porque en realidad no son moléculas las que guardan la información —como sucede con otras técnicas—, sino nanopuntos acomodados en varias capas, cada una apenas algunas micras por encima de la otra.
Se trata de un método innovador y por eso la lectura es mucho más compleja: otro láser emite pulsos que dejan una polarización electromagnética y dentro de esas ondas están los datos guardados. Lo interesante es que al usar frecuencias, en lugar de un espacio físico como tal, los investigadores lograron meter 360 terabytes en un pequeño disco de cuarzo.
Con esto, la idea de guardar todo el conocimiento humano para las generaciones muy futuras no sólo es factible, sino casi una obligación. Ahora falta que lo estandaricen y deje de ser un prototipo. Otra cosa importante es que si logran hacer más veloz el proceso de lectura, todos los servicios en la Nube podrían evolucionar a algo que ni siquiera imaginamos.