La sonda lunar japonesa SELENE (acrónimo de SELenological and ENgineering Explorer) descubrió una cueva de 50 metros cuadrados, situada 34 metros por debajo de la región de las colinas de Marius. Este descubrimiento fue realizado utilizando un radar diseñado para detecciones subterráneas. Después de análisis posteriores, la agencia espacial japonesa determinó que la cueva tenía 50 kilómetros de longitud y 100 metros de ancho y que es estructuralmente segura. Esta caverna, llena de rocas que podrían contener agua, podría haber sido creada por el paso de lava hace 3.5 mil millones de años.
Según varios geólogos y miembros de la agencia japonesa, estos tubos de lava son idóneos para el establecimiento de asentamientos humanos, ya que sus condiciones térmicas son estables y tienen el potencial de ofrecer una barrera natural extra contra micro meteoritos y contra la radiación cósmica. Además, al estar debajo de la superficie, la estructura ofrece cobertura contra la radiación UV del sol y contra los terribles cambios de temperatura que ocurren en la superficie de nuestro satélite natural.